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"Cuéntanos el viaje de tu vida y lo haremos realidad en cualquier lugar del mundo"

EXPERIENCIAS VIAJERAS

Aquí podréis encontrar diferentes experiencias viajeras de nuestros amigos muchomasqueviajeros. ¿Os gustaría participar? Solamente tenéis que mandarnos vuestra historia a info@muchomasqueunviaje.com

MILES DE EMOCIONES A FLOR DE PIEL EN NUESTRO VIAJE A LA INDIA

Cuando empezamos a planear nuestro viaje a la India lo primero que se me pasó por la cabeza fue: “¡Qué bien! ¡Visitaremos una de las 7 maravillas, el Taj Mahal!”. Ahora me encuentro sentada en el hotel pensando y poniendo orden a todas mis emociones y recuerdos de estos siete días intentando que no se me olvide ninguno. En lo último que pienso es en el Taj Mahal, aunque no puedo negar que es absolutamente espectacular y que nuestros ojos brillaban delante de tanta belleza junta.

En realidad, lo primero que me viene a la cabeza son las calles y su gente. Me faltan días para caminar y caminar y continuar viendo así la gran cantidad de colores que caracterizan este bonito país de Asia. Colores que provienen de sus paradas de fruta, de las especias, de los camiones decorados como en los días especiales hacen con los elefantes, de los saris de las mujeres, que por cierto que bonitas que son… También nos impresionó la mezcla de aromas tanto de comida como del incienso que ayuda a apagar el fuerte olor que proviene de las bajas condiciones higiénicas…Tengo ganas de ver más sonrisas de gente que desea ser fotografiada o miradas inocentes de personas de diferentes culturas que se observan con curiosidad debido a las diferencias físicas y de costumbres culturales a la hora de vestir. ¡Qué bonita es la sensación de la atracción por la diferencia!

Curiosidades del mundoViaje cultural a la India

Paseando y adentrándonos por todas las calles y rincones de todas las ciudades que hemos visitado hemos podido comprobar que realmente la imaginación te ayuda a resolver muchos problemas del día a día. Íbamos como locos intentando fotografiar todas esas escenas curiosas que ni se nos ocurriría vivirlas aquí. Os dejamos algunas fotografías como muestra.

Viaje a la IndiaViaje diferente a la IndiaViaje gastronómico a la India

Llegamos el primer día a Delhi. Nos alojamos y, aunque sólo habíamos dormido un par de horas en 2 días, quisimos empezar ya nuestra aventura por la India. Todavía recuerdo el calor abrasador cayendo encima nuestro como una losa justo en el momento en el que salimos del hotel. No suficientemente impactados por las temperaturas nos quedamos quietos unos diez minutos observando nuestro alrededor sin saber qué hacer ni qué decir. Era para grabarnos. Los coches aparecían desde todas las direcciones sin seguir ningún orden, la banda sonora de ese momento eran decenas de cláxons sonando a la vez pidiendo paso al conductor de delante sin necesidad de seguir un orden preestablecido, tuc-tucs que llevaban bastante más gente de la que cabía dentro, motos con tres personas y un mono, gente parándose a preguntarte si queríamos que nos llevaran a algún sitio… En fin, puede que para cruzar una calle como Vía Layetana de Barcelona nos costara unos 15 minutos buenos. ¡Hoy la hemos cruzado en 2 y ya ni oímos el sonido de las bocinas!

Viaje a la India

Realmente, podemos decir que nos hemos enganchado a este país. Nos ha enamorado mucho más de lo que realmente pensábamos en un inicio. Es un lugar muy, muy duro, no es fácil. Visitamos monumentos históricos pero quisimos conocer también la India real, la India de los pobres, la de los intocables, la de la gente que hace lo que sea para poder llevar un plato a la mesa, la de la gente que aprende todos los idiomas posibles y por haber con el fin de poder vender su mercancía, la India de las diferentes religiones (hinduista,  sikhista, musumlamana, etc.), la India del kaos y de las soluciones divertidas,… Una India que te hace reflexionar y sentirte diferente, que te hace valorar, que te hace maravillarte por la diferencia y que te hace trasladarte a otras épocas gracias a la visita de lugares impresionantes como el Fuerte de Amber o de Fatehpur Sikri.

Viajes India

NUESTRA EXPERIENCIA EN EL PARAÍSO: KOH LIPE I KOH ADANG – THAILANDIA

Después de cuatro horas de avión desde Chiang Mai hasta Hat Yai haciendo escala en Bangkok, dos horas de carretera y una hora de ferry podemos decir que por fin llegamos al paraíso. Nuestro destino era Lipe, una pequeña isla de tan sólo 1,6 km2 situada al sur del Parque Nacional de Tarutao, en el mar de Andamán. Tan sólo poner los pies en la tierra, nos miramos y entendimos por qué hay gente que decide dejarlo todo y quedarse allí. La arena absolutamente blanca, el agua con toda la gama de azules y verdes posible, las barcas de madera todas ellas con sus flores y ofrendas de colores… Es cierto que nosotros estuvimos en diciembre, en la época en la que se encuentran más turistas, pero aún y así, la esencia de Thailandia no se perdía. La única calle en la que se encuentran comercios, estaba repleta de bares y chiringuitos para comer o de las típicas paradas que se encuentran en todo el país con thailandeses cocinando tooodo el día.

viaje organizado a Thailandia

Una vez aposentados en nuestro bungalow, llegamos ya al atardecer, lo primero que hicimos fue ir a dar una vuelta. Teníamos muchas ganas de conocer a los Chao Lay, los gitanos del mar. Sabíamos de ellos que eran una tribu nómada que vivían en el mar pero que por la necesidad del gobierno de controlar la población se aposentaron en diferentes islas, Lipe era una de ellas. Por fin los encontramos, no fue muy difícil ya que hemos comentado que la isla no es muy grande. Era fácil de distinguirlos de los demás, pues sus facciones son muy exóticas;  son muy morenos de piel y con los ojos aún más orientales que los propios autóctonos. Estuvimos hablando con uno de ellos y quedamos que el día siguiente nos llevaría a pescar.

Viaje a Thailandia

A las 8 de la mañana ya estábamos preparados tal y como habíamos quedado. Fuimos a su encuentro. Mientras subíamos a la barca nos sorprendió el respeto que le tienen hacia el mar. Nos gustó que una persona que todo el día vive en él, que lo conoce y que sabe qué hacer en todo momento, le mostrara tanto respeto rezando antes de embarcarse. Se colocó delante de la barca, y acarició suavemente las telas y flores atadas al mástil mientras recitaba unas palabras. Pronto empezamos nuestra ruta. Nuestro amigo, Aman, nos llevó hasta una isla vecina llamada Adang, también perteneciente al PN de Tarutao. Mientras la rodeábamos, nuestros ojos no podían parar de mirar a todos los sitios. Si nos pensábamos que Lipe era el paraíso, ¿Qué era esta isla? ¡En ella no vivía nadie! ¡Las playas estaban vacías, no había turistas ni chiringuitos ni nada! Entre la costa de esta isla nos dimos cuenta que había una pequeña calita que era de película, de hecho nos recordó al Lago Azul. Una calita con agua transparente y en el fondo una gran vegetación, un bosque tropical que parecía que te llamara a entrar y a investigar qué había dentro. Nuestro amigo se dio cuenta de que el lugar nos había maravillado, así que decidió parar la barca allí mientras montaba los aparejos de pesca, vaya, un hilo de pescar con varios nudos y con 3 anzuelos, nada de lujos, ni cañas, ni artilugios muy complejos. En aquel rato nosotros pudimos bajar de la barca y disfrutar del entorno. ¡No podíamos parar de hacer fotos! Creo que no tenemos tantas fotografías de un mismo lugar ni de una misma barca. La postal era perfecta, una barca de madera preciosa, en una playa paradisíaca en medio de la nada.

viaje a koh llipe DSC_0653 - Còpia

Al cabo de un rato nuestra excursión continuó. Para unos empezó la pesca, para otros un momento para sumergirse con las gafas y el tubo y poder contemplar la belleza natural que había bajo el agua.  Un inmenso jardín lleno de corales, con pececitos de miles de colores que, a diferencia de los de aquí, no se asustaban por tu presencia, incluso podíamos jugar con ellos. También vimos estrellas de mar enormes, erizos con unas  púas muy largas, una serpiente marina, peces difíciles de ver como los peces cofre o los escorpiones, que como saben que no les vas a hacer nada, se quedan tan panchos observándote, ostras enormes y con bocas de colores fluorescentes con las que te quedas embobado observando como respiran, etc.

Mientras tanto, en la barca, la pesca fue fácil. En un momento pescaron 6 peces y dos calamares. ¡¡Estos dos últimos en menos de 5 minutos!! Finalmente el chao lay quiso cocinarlos en la playa. Nos dirigimos otra vez hacia la costa. Esta vez la playa era la típica imagen de un laaaaaaaarga playa de arena blanca completamente sola. Aman fue a buscar unas cañas, las que partió por la mitad a lo largo, puso el pescado en medio y las ató por el otro extremo. Después, con varios troncos que había por allí, preparó un fuego y puso el pescado a cocer. Al cabo de media hora teníamos el pescado fresco cocinado y servido en un plato que era una hoja. Realmente estaba riquísimo. La situación era tan espectacular y tan emocionante que con las miradas lo decíamos todo. ¡Nos brillaban los ojos!

Lugares paradisíacos DSC_0744 - Còpia

La vuelta no fue menos espectacular. Habíamos salido de Lipe que no había mucho sol, en cambio cuando llegamos la luz que había era perfecta, así que nos sorprendieron los colores espectaculares que tenían las playas de nuestra isla; un verde turquesa que contrastado con la arena blanca era único. Entendimos perfectamente por que la llaman las Maldivas de Thailandia.

Una vez llegamos a tierra y nos despedimos de nuestro amigo, no sabíamos que decir. ¡¡¡Había sido un día perfecto!!! Y lo mejor aún, era 31 de diciembre. Era la mejor manera de despedir un año y empezar otro. Nos fuimos al bungalow, nos duchamos, nos cambiamos y nos fuimos a celebrar la llegada de un año nuevo que sin duda tenía que ser muy especial, ya por el simple hecho de comenzarlo en el paraíso.

Des de aquí queremos agradecer a Aman el habernos brindado la posibilidad de vivir esta experiencia. Es muy probable que nunca llegue a leer estas palabras porque sus necesidades están muy lejos de nuestras constumbres, pero aún y así nos queremos acordar de él, de su barca y de su sonrisa. ขอบคุณเขา (Gracias)

viaje diferente a Thailandia Viajes a Thailandia

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MARIAN ARTIGOT – COSTA RICA

Qué bonitos recuerdos me vienen a la cabeza cuando pienso en mis últimas vacaciones!

El pasado agosto viajé con mi amigo a Costa Rica, con  mochila a la espalda y muchas, muchísimas ganas. Se ha de decir que somos tal para cual y a los dos nos encanta la naturaleza y los animales. Con lo cual, Costa Rica nos pareció una buenísima opción.

Caminatas y excursiones fueron el día a día de nuestro viaje, al igual que la lluvia, que durante 3 semanas nos acompañó más de lo que nos hubiera gustado. Siendo temporada lluviosa había que tomárselo con calma, sabíamos lo que nos podía pasar así que aprendimos a disfrutar con chubasquero.

Bosques nebulosos, muy húmedos, recordaban a los valles de cuentos encantados de la infancia. Ruidos desconocidos para nosotros nos alertaban que algo andaba cerca. Pero había que e    star atento para poder disfrutar de los habitantes de aquellos bosques. Sin ayuda de guía pudimos ver grupos de monos de cara blanca en lo alto de las copas, cocodrilos y caimanes, iguanas, pizotes, mapaches y un largo etcétera de fauna autóctona. Volcanes, ríos y cráteres completaban un paisaje para contemplar.

En busca de vida marina contratamos también alguna excursión para no quedarnos con las ganas. Disfrutamos del fondo marino del país nadando con tortugas verdes, tiburones, morenas, y decenas de diferentes especies de peces. Y una imagen para guardar en la retina, ballenas jorobadas nos esperaban en la costa Pacífica en compañía de sus crías. Toda una experiencia.

Gentes humildes y amables nos ayudaron a abrir nuestra mente un poquito más, regalándonos una parte de ellos y siempre lo hicieron “con mucho gusto”.

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GLORIA VENTURA – BERGEN

Llegamos perfectamente al aeropuerto de Bergen, es un aeropuerto pequeño  por lo cual “NINGÚN PROBLEMA”. Tomamos el Bus y, SORPRESA,  sólo se oía hablar a unas señoras que resultaron ser del País Vasco, exactamente venían de un pueblo pequeño cercano al de nuestro amigo JON. Después de charlar un buen rato con ellas, llegamos al centro de Bergen.

Con las maletas a rastras nos dirigimos al Hotel “BEST WESTERN HORDERHEIMEN”. El hotel estaba en obras, la habitación era muy pequeña, pero limpia y “coquetona”. Después de dejar las maletas bajamos a buscar el punto de información, allí mismo está ubicado el famoso mercado del pescado. Las paradas tenían tal surtido de pescado que  nos dejaron boquiabiertos, por lo  que decidimos quedarnos a cenar. En aquella parada conocimos al primer catalán en tierras noruegas- se llamaba OMAR-. Nos  explicó que había nacido  en el Poble Sec de Barcelona y que hacía 4 años que vivía y trabajaba en Bergen. Hablaba 5 idiomas entre ellos el indio. Comimos un plato de salmón salvaje  con patatas y unas ostras     ¡Huuuuuuuuum, QUE RICO!!!!

¡Qué bien lo estábamos pasando!   Al terminar la cena nos acercamos hasta Bryggen, nos  metimos por entre sus callejuelas y también caminamos por el puerto.  Jope, que veleros y que barcos !!!!!!.

Nos  sorprende la luz de sol que todavía había a las 10 de la noche.

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Día 2: Después de dormir como marmotas, a las 8:30 nos levantamos y bajamos a desayunar un buen desayuno noruego y luego sin perder tiempo, fuimos derechos hacia  la estación del funicular para subir al Monte Floi. Sé de alguien que subió con miedo  – pues tenía vértigo- me refiero a mi pareja. A pesar de que tenemos formas distintas de movernos  por ciudad durante las vacaciones, lo estaba pasando súper bien, estoy disfrutando de compartir estas maravillas con él.

Hoy cuando estábamos arriba en el Montefloyen  con aquellas vistas tan guapas me sentía como si estuviera conectada a internet y me encontrara dentro de la página web de Bergen que tantas y tanta veces había mirado cuando preparaba el viaje. ¡Qué sensación tan excitante! Hemos hecho muchas fotos,  y hemos intentado hacer vídeos, pero, como la cámara era prestada y nosotros unos novatos nos ha costado un  poco  Pero … lo conseguimos. También hemos paseado por los bosques y como no … nos hemos hecho fotografías con los “Trolls”. Mientras esperábamos para subir al funicular han llegado 6 ó 7 familias todos ellos con mellizos ¡qué gracia. En el bosque  nos hemos cruzado con  muchísimos niños de las guarderías     ¡tan pequeños y tan autosuficientes!

Día 3.- Nos fuimos a una fiesta vikinga, Bus 400 dirección y parada en Hausgesund. Salimos a las 10 de la mañana y llegamos a las 13:25 del mediodía.

Josep (que quiere hacer patria) se coloca la barretina. Al subir al Bus nos saludan en español, resulta ser un señor chileno (se llamaba IVAN) un señor muy agradable y sobre todo amable , nos explica que hace 30 años que vive y trabaja en Noruega y que está casado con una señora noruega. Nos cuenta que había trabajado en una petrolera y que hacía unos años había tenido un accidente en el trabajo por lo que le concedieron la invalidez. Según dijo la empresa le indemnizó muy bien. Ahora vive de lujo con su familia… pero con la  mala suerte  de que el pasado 11 de febrero le diagnosticaron un cáncer.

Dicho esto quiero explicar que se ofreció acompañarnos y recogernos  de Caramoy (lugar donde se celebraba la fiesta vikinga), ya que el transporte hasta allí era muy complicado.

Durante el trayecto con el Bus una buena parte del camino lo hicimos con el ferry, atravesando un fiordo. A pesar de que la fiesta no era lo que habíamos pensado, no lo pasamos mal del todo.

Día 4 Es el día que hacemos la excursión del “Sognefyord”. Yo estoy preocupada, porque no me doy cuenta hasta  el último momento, que la hoja de reserva que llevamos y los tikets que nos habían dado en información no guardan el mismo orden de viaje. Al final no hemos tenido ningún problema.

Primero hemos  subido en el tren hasta Myrdal, allí, mientras esperamos el famoso tren Flambann,  se nos acerca  un señor, un  antropólogo americano y profesor de la universidad de Virginia, sabía algo de español y le hizo mucha ilusión poder conversar un buen rato con nosotros.

Llega el tren y _ ALE, HACIA FLAM – . El trayecto  dura una hora, es una maravilla; pasamos por 20 túneles. Durante el trayecto las vistas eran impresionantes con  unos saltos de agua, y unas cascadas que eran “UNA PASADA”

Llegamos a Flam (por cierto se me olvida decir que el tren es de madera), allí nos quedamos a comer en un self service.

Llegó la hora de tomar el ferry  de vuelta a Bergen, el trayecto dura 5 horas. ¡¡¡¡UNA EXPERIENCIA QUE NOS HACE DISFRUTAR TANTO . . . .!!!!!!

Último día.- hora de regresar  a casa. Dimos la última vuelta por la ciudad, entramos en la catedral, nos vamos a tomar algo  y a despedirnos de la Raquel , otra catalana (periodista de TV3 ) que trabajaba  también en el mercado del pescado hasta que las cosas volvieran a funcionar bien en nuestro país, nos dice. Nos hicimos fotos con todos los que conocido, recogimos las maletas del hotel y nos fuimos hacia el aeropuerto.

La salida la teníamos a las 16:55, pero el avión tiene una avería y retrasa el vuelo unas cuantas horas.

¡¡¡¡¡¡HAN SIDO UNAS MINI VACACIONES  GUAPIIIIIIIIISSSSSSIIIIIIMAS!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡EL  REGALO DE MI 60 CUMPLEAÑOS QUE  SIEMPRE RECORDARE CON ESPECIAL CARIÑO!!!!!

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NUESTRO VIAJE EN 4 ETAPAS

ETAPA 4: DE NUEVO, SUDÁFRICA

El fin  del viaje se acercaba cuando al día siguiente cruzamos la frontera de Namibia para entrar de nuevo en Sudáfrica. Nos sorprendió el rápido contraste que pudimos observar. A un lado y otro de la furgoneta podíamos ver como se extendían grandes llanuras de hierba, conreadas y con felices vacas comiendo tranquilamente.  Después de bastantes horas de camino llegamos a Ciudad del Cabo. Allí sí que notamos el contraste. Habíamos leído que era una ciudad muy europea en el sur de África y que era preciosa y realmente así fue. Toda la zona portuaria era impresionante, con centros comerciales decorados con toques muy marinos, bares y restaurantes de todo tipo donde se hacía difícil escoger cuál comer… Fue esa noche donde nos juntamos todos por última vez para cenar y recordar los increíbles momentos que habíamos vivido durante 23 días antes de separarnos y cada uno partir hacia su ciudad de origen.

Nuestro vuelo salía un día más tarde, igual que el de la pareja holandesa, así que el día siguiente decidimos pasarlo juntos. A primera hora fuimos a informarnos sobre actividades que queríamos hacer, entre ellas la visita de la Prisión de Roben, donde todas las personas que trabajan allí han sido ex convictos, y una inmersión en una jaula para poder ver los tiburones blancos. Finalmente no pudimos hacer ni una ni la otra. La primera fue imposible pues hacía semanas que las entradas ya estaban todas vendidas y las segunda no nos daba tiempo hacerla pues tenía que ser la madrugada del día siguiente, que era cuando nuestro vuelo partía para volver a Barcelona. Finalmente tomamos una excursión que hacía ruta: visitamos el Cabo de Buena Esperanza (increíble la fuerza del mar), nos permitió visitar la Table Mountain y poder gozar de las vistas de esta maravillosa ciudad, y finalmente pudimos ver la colonia de pingüinos.

Ciudad del Cabo viaje a sudáfrica pingüinos

La última cena decidimos hacerla nosotros dos solos para poder despedirnos de esta sensacional África que ya nunca olvidaremos. Cuántos recuerdos y cuántas aventurillas que  llevaremos siempre en nuestro corazón. Realmente, de todos los viajes que hemos hecho, éste es sin duda el más especial.

ETAPA 3: NAMIBIA

Los días en Botswana parecían haberse acabado. Con un poco de pena pero también con mucha ilusión de poder conocer lugares nuevos, tomamos muy pronto la furgoneta el día siguiente y nos dirigimos hacia Namibia. Primero tocaba volver a pasar la frontera; un sello más para nuestros pasaportes. La primera parada fue en Bagani. Allí podíamos o bien realizar un pequeño crucero por el río (aún el Okavango) o descansar en este bonito lugar nosotros optamos por ir a visitar un poblado que había allí cerca dónde vivían los familiares de los trabajadores del cámping. Uno de ellos nos quiso acompañar y gracias a él descubrimos un auténtico poblado de Namibia. Nos presentó a su familia y sus amigos y pasamos un rato muy divertido, pues nos dedicamos a hacer fotografías y jugar con ellos. Eran entrañables y divertidas sus miradas al verse reflejados en la pantalla de la cámara. Aunque también fue muy enriquecedor poder hablar con ellos y saber un poco  más de su manera de vivir, de sus creencias, cultura, etc.  Cuántas cosas deberíamos aprender a valorar y cuántas cosas deberíamos cambiar en nuestro mundo!

El día siguiente empezó la ruta de nuevo. Nos esperaba una larga jornada en una carretera no asfaltada que nos acompañaría hasta el final de Namibia. Nuestra primera parada fue en el Parque Nacional de Etosha. Estuvimos dos días en este entorno natural espectacular. Continuaban las llanuras y las grandes extensiones de terrenos, muy áridas pues ya nos encontrábamos hacia el final de la estación seca. Era genial encontrarte girafas, impalas, orix, avestruces por el camino. Nos hubiera gustado poder ver más leones, de hecho era nuestra última oportunidad antes de partir ya hacia el desierto. Nuestra suerte se concretó en una leona que escapaba del fuego controlado provocado para sanear la tierra. En esos momentos todavía nos alegramos más de haber realizado la excursión del primer día al orfanato de leones.

Pasados estos dos días ya era el momento de conocer a los Himba. Era otro de los atractivos que más ilusión nos hacía. Llegamos a nuestro campamento, un lugar sencillo sin electricidad pero en el que sí que había unas duchas y lavabos únicos. Recordamos la sensación de tomar una agradable ducha con agua caliente contemplando el paisaje y observando como las estrellas cada vez eran más visibles. Una ducha que se había hecho obligatoria después de pasar toda la tarde con las chicas y los niños de la tribu, pues los hombres no se encontraban en el poblado. Lo primero que vimos fue la escuela, para nuestra sorpresa fue que las paredes estaban repletas de carteles con las letras, números, etc. No nos habíamos planteado nunca como podría ser el colegio de un himba, pero fue curioso ver que hay cosas que las hacemos igual. Los niños nos mostraron canciones que aprendieron en clase y luego sólo querían jugar con nosotros. Transmitían alegría y confianza. Justo al contrario que las mujeres. Su mirada era de rebeldía y desconfianza. Imaginamos que es porque habían tenido que sobrevivir a muchos años de grandes cambios que hubieran podido acabar con su tradición. Eso sí, eran guapísimas. Realmente cuidan mucho su aspecto; el color de la piel, el perfume, las pulseras y los collares entre otro, las hacen únicas y preciosas. Cabe decir, que se portaron muy bien con nosotros, pues nos enseñaron todo su poblado, se abrieron y nos explicaron su cultura y su manera de vivir. Fue curioso oírles hablar pues hacen un chasquido difícil de imitar. Nos sorpendió que cuando son pequeños, los dos dientes de abajo se los arrancan para poder hablar perfectamente su lengua.  Conclusión: una tribu única que nos cautivó el corazón.

visita tribu himba visita tribu himba

Nuestro viaje continuaba por Namibia. Ahora ya tocaba conocer el desierto, el gran y viejo desierto del Namib.  Un desierto lleno de contrastes. La primera parada fue en Swakopmund. Una occidental ciudad que contrasta con todo lo que habíamos visto anteriormente. Por la mañana nos recorrimos sus calles y pudimos acercarnos al océano. ¡Realmente, lo echábamos de menos! Nosotros que venimos de ciudad de mar, teníamos ganas de volver a tener contacto con él después de tantos días. El día no acompañaba  pero fue bonito ver el océano tan bravo y con tanta fuerza como lo pudimos contemplar. Incluso viendo el mar continuamente, tenemos que decir que nos sorprendió enormemente esa inmensidad de agua como chocaba contra las rocas y contra un pantanal del 1800 construido  de madera y metal.

El tiempo cambió, y decidimos hacer un paseo en quad por el desierto. No hay palabras para explicar la sensación que se tiene cuando estás entre dunas y dunas y lo único que oyes es el silencio. Tuvimos suerte porque sólo éramos tres personas y el guía los que realizamos esta actividad. El guía, por cierto, era un joven que disfrutaba con su trabajo. Nos localizó guecos, arañas, hormigas gigantes e incluso vimos una cabeza de pescado que habían traído los chacales para comerse su presa. El día finalizó comiendo en un fantástico restaurante dónde pudimos degustar comida de ónix, springbox y avestruz y dónde también pudimos poner en común con el resto de compañeros del grupo las actividades que habíamos realizado. Las dos chicas que viajaban solas se tiraron en paracaídas y la pareja de holandeses hicieron parapente.  ¡Qué bonito ha de ser poder ver el desierto desde el aire!

Safari en el desierto Quan en el desierto

La siguiente parada fue en Sossusvlei. Después de una mañana de viaje, llegamos, montamos el campamento, nos relajamos en el cámping, aprovechamos para escribir alguna postal y no tardamos en cenar e ir a dormir porque al día siguiente teníamos que levantarnos a las 4 de la madrugada para ir de camino a la duna más famosa del mundo, la Duna 45 y poder vivir desde allí la salida del sol. Por suerte fuimos los primeros en llegar.  Nada más llegar atamos bien las botas, cogimos agua y empezamos a subir. Increíble ¡avanzabas un metro y retrocedías medio! Todos pensábamos que parecía más fácil de lo que era en realidad. ¡Por fin llegamos! Las primeras  la chica belga y una servidora :D. ¡Realmente el esfuerzo había merecido la pena! ¡Qué preciosidad! Allí estuvimos un buen rato, estirados en la arena contemplando las dunas rojizas causadas por el hierro disuelto y el sol en su estado más bonito. Cuando bajamos, unos deslizándose y otros corriendo, y llegamos a nuestra furgoneta, cuál fue nuestra sorpresa que el cocinero nos había preparado un buen desayuno a base de tostadas, huevos fritos y bacon para reponer nuestras fuerzas. Cuando ya nos habíamos recuperado, nos dirigimos hacia un lago seco en medio del desierto donde pudimos ver árboles centenares inertes.

Visita Duna 45

Al día siguiente nuestro viaje continuó. Nuestro próximo destino era el Canyon River. Fue un trayecto largo pero mereció la pena porque justo llegamos cuando empezaba la puesta de sol. El paraje era de fotografía. De hecho es el segundo cañón más grande del mundo después del Colorado. La sensación que tuvimos al estar allí delante era que la naturaleza es inmensa, que tiene una fuerza que aunque el hombre quiera pararla es imposible.

Viaje a Namibia

Nuestra última parada antes de cruzar la frontera para volver a Sudáfrica fue en el Orange River. Fue un día relajado, donde nos alojamos en un curioso camp en el que las duchas y los lavabos estaban hechos de cañas. Fue curioso estar duchándose en un espacio tan único y observando, a su vez, el río y su bonita vegetación. La tarde decidimos pasarla dando una vuelta por los alrededores. Acabamos en un las afueras de un pequeño pueblo donde  vivían algunas familias. Nos hicimos amigos de los niños. Sólo querían que les hiciéramos fotos y después enseñárselas con la cámara. El recuerdo más grato que nos llevamos fue cuando por una casualidad, una de nuestras compañeras se agachó y una de las niñas le tocó el pelo.  Ella era muy rubia y la expresión de la chiquilla cuando la acarició y notó que el pelo era suave fue de fotografía. ¡Qué pena no haberla hecho! Al cabo de unos segundos ya tenía a 10 niños a su alrededor todos tocándole el pelo.  Fue un rato muy agradable y un punto y final a nuestros días en Namibia muy divertido.

visita poblado namibia viaje Namibia

ETAPA 2: BOTSWANA

El día siguiente tomamos camino para Botswana. De hecho Botswana era el país que más ganas teníamos de visitar. Para nosotros es el más puro, el más salvaje. Sólo viven 2 millones de personas. Corroboramos que viven lejos del turismo y nos sorprendió a la vez que nos agradó no encontrar una tienda de souvenirs. Después de cruzar una tranquila frontera (éramos los únicos) y realizar por primera vez el ritual de desinfectar  zapatos y  furgoneta en un agua un poco sospechosa… llegamos al Parque Nacional de Chobe. Allí tuvimos la oportunidad de realizar un safari en un coche abierto y también en un barco. Después de sospesarlo mucho decidimos hacer los dos. ¡Qué buena elección! Fue emocionante cuando vino el coche a buscarnos. Nos sentíamos como auténticos guiris, pero también nos sentíamos en la auténtica áfrica, la de los animales. El auto arrancó y pronto pudimos descubrir la fauna local, automáticamente las cámaras de fotografía empezaron a disparar a tal velocidad que ahora sí que nos sentíamos turistas, pero era inevitable, se tenía que fotografiar aquella preciosidad. Como he dicho, de lejos vimos animales, eran un par de elefantes. Rápidamente le dijimos al conductor que por favor se acercara, él en cambio se dirigió al camino contrario. No nos gustó… al principio, porque al cabo de pocos segundos entendimos que había hecho. Nos había llevado a la ribera del río Chobe, una inmensa llanura repleta de animales!!!! Y justo en ese momento, los dos elefantes que habíamos visto al principio aparecieron acompañados de muchos más, todos en fila india. Acabaron todos ellos mojados y jugando con el barro y el agua, hasta que apareció un cocodrilo que les hizo salir a una velocidad increíble. Al cabo de un rato, después de observar girafas, búfalos, hipopótamos, etc. nos dimos cuenta que al otro lado del vehículo aparecieron tres elefantes grandiosos, el último de los tres no tenía cara de tener muy buenos amigos. De hecho

se dio cuenta de que había junto los demás elefantes un grupo de impalas y las hizo huir rapidísimo. Fue curioso porque las pobres impalas no sabían dónde ir, asustadas preguntándose si aparecerían más elefantes. ¡Dios mío! Era como estar viviendo uno de los documentales que aparecen tantas veces en televisión, pero en directo! Finalmente, realizamos el safari en barco, impresionante puesta de sol la que vimos en un paraje sin palabras. De hecho, miramos todavía las fotografías que nos hicimos, y se puede notar claramente la sensación de felicidad que estábamos viviendo en esos momentos.

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El día acabó durmiendo en un pequeño cámping, casi solos, todos alrededor de un fuego, comiendo y explicando lo fascinante que había sido el día, sin ser conscientes que esas cenas en un entorno tan único y espectacular eran igual de especiales.

Al día siguiente continuamos hacia Maún. Allí nos alojaramos dos noches pero no consecutivas pues entre medio realizamos una excursión que nadie debería perderse si va a Botswana. El guía y el cocinero nos habían avisado de que compráramos bastante agua, pues el lugar a donde íbamos no había agua potable… de hecho, ni agua potable, ni electricidad, ni lavabos, ni ninguna comodidad. Y fue así, pero realmente fueron los dos días más bonitos de todo el viaje para nosotros. Nos vino a buscar al cámping un 4×4 que nos llevó hasta el Okawango. Allí nos esperaban 5 mokoros con su 5 poulas (los chicos que reman los mokoros). En un momento todo el equipaje que habíamos preparado, más las tiendas de campaña y los colchones, junto con todos los accesorios para cocinar y la comida estuvieron colocados dentro del mokoro. Nada más acabar empezamos nuestro “crucero” por el río. La luz del sol en la cara, la brisa, el silencio sólo roto por elefantes que estaban de lejos bañándose o por hipopótamos que corrían cerca nuestro fueron sensaciones inolvidables. Realmente fueron dos horas llenas de emoción. Al llegar, acampamos, comimos, descansamos, aprendimos a manejar el mokoro (unos con más arte que otros), nos bañamos en el río (en la parte que nos dejaron para evitar peligros) y luego hicimos un pequeño safari a pie para reconocer los pasos de los diferentes animales. Incluso, pudimos ver un grandioso esqueleto de elefante. ¡Realmente son bichos muy grandes! Lo notamos, sobre todo al comparar nuestra tibia con la de ellos… y ¡cómo pesa! Fue divertido. Finalmente por la noche, Nash, el cocinero nos preparó la comida típica de áfrica, carne de vaca y pap (una especie de puré hecho a base harina de maíz). Lo comimos con las manos, igual que ellos. Los poulas nos obsequiaron con unas danzas y canciones conocidas entre ellos. Todo esto alrededor del fuego y con el sonido de los animales de fondo. Pronto nos fuimos a dormir, pues íbamos con los horarios del sol. Nos levantamos muy temprano para hacer otro safari, cargar los mokoros y volver a Maún, donde una avioneta nos estaba esperando para sobrevolar el Delta.

Elefant

Delta

Este fue otro de los momentos “documental”. Estábamos ansiosos de poder ver en directo todas aquellas fotografías que puedes encontrar por internet sobre el Okawango y su fauna. Aún y no ser la mejor época para apreciar los contrastes tan marcados entre la vegetación y el río, el paisaje era espectacular. Tomamos una pequeña avioneta de 7 personas y tuvimos suerte, pues el piloto iba buscando los lugares que podrían ser más especiales y nos acercaba a ellos para poder verlos bien. Pudimos observar ñus, búfalos, hipopótamos y todo tipo de antílopes.

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ETAPA 1: SUDÁFRICA – ZIBMBABWE

Después de más de un día de vuelo y de una llegada a Johannesburgo un poco accidentada, pues el transfer no vino y en el albergue no se acordaban de nuestra llegada, finalmente pudimos decir que por fin había empezado el viaje del que hacía mucho tiempo del que hablábamos. Lo cierto es que aún lo explicado anteriormente, el dueño de este pequeño hostal, un holandés con muchos quilómetros a sus espaldas, nos acogió muy, muy bien. Aunque llegamos tarde, pudimos concretar una visita muy deseada por nosotros al “Lion Park”, un orfanato de leones dónde se encuentran los únicos leones blancos del planeta. Al principio, la sensación que nos dio fue que “nos habían tomado el pelo” pues se recorre en coche el parque y pensábamos que los leones sólo los veríamos de lejos igual que en la sabana. Cuál fue nuestra sorpresa cuando pudimos ver de muy de cerca impresionantes postales de familias de leones durmiendo bajo las acacias, los pequeños jugando y los más hambrientos peleándose por un trozo de costilla de a saber qué pobre animal. La jornada acabó con una experiencia única, la interactuación con unos pequeños leones con los que tenías que vigilar porque su intención era desgarrarte los pantalones o quedarse con tus pertencias del bolso. Nos acordamos mucho de nuestro gato cuando estuvimos jugando con estos felinos un “pelín” más grandes que el que tenemos en casa, puesto que sus movimientos eran idénticos.

martina lleó

Oscar lleó

Cuando llegamos al albergue de nuevo, por fin conocimos a nuestros compañeros de viaje: una pareja de holandeses que nos brindaron una de las escenas románticas pues se acabarían prometiendo en las Cataratas Victoria; dos jóvenes que viajaban solas, una holandesa muy divertida y atrevida y una chica belga muy cañera y que se apuntaba a un bombardeo; y finalmente un señor holandés residente en Alemania al que le apasionaba viajar. También pudimos conocer a nuestro guía, un sudafricano de origen holandés y alemán, muy serio al principio pero muy afable y cercano que nos ayudó a que el viaje fuera muuuuuy especial. Y, finalmente, el concinero, un simpático nativo de Zimbabwe que realmente nos trató como reyes. Sólo os diré que después de levantarnos a las 4 de la madrugada para subir y poder ver la salida del sol en la duna 45 de Namibia, nos había preparado huevos fritos y bacon en una concina improvisada en el remolque de la furgoneta. ¡Sin palabras!

El día siguiente por fin empezó la aventura. Los dos primeros días los pasamos en la carretera camino a Victoria’s falls. Lo más curioso que nos pasó fue en la frontera. Antes de cruzarla  tuvimos que estar un buen rato en la duana de Sudáfrica esperando el permiso. Mientras, alucinábamos con los babuinos que corrían por allí. Eran divertidos, pero teníamos que vigilar nuestras pertenencias porque son bastante agresivos y se llevan la comida y lo que pillen.  Cuando por fin pudimos cruzar, la odisea ahora estaba en la entrega de los visados en Zimbabwe. Lo primero que nos sorprendió fue el cambio tan brusco en tan pocos quilómetros de diferencia. Se notaba muchísimo la diferencia de economía entre un país y otro.  La frontera estaba repleta de coches que estaban siendo rastreados. La cola para entrar en el país era larga pero nos gustó porque pudimos empezar a sentir la auténtica África; el vaivén de gente, la sonrisa de los niños, los trapicheos para poder colarse… Un ejemplo claro de esto último nos pasó a nosotros mismos. Cuando el policía nos estaba tramitando nuestro visado, un hombre apareció a nuestro lado entregándole su pasaporte con un pequeño papel dentro que sobresalía. El policía de manera disimulada hizo caer ese pequeño papel (resultó ser un billete 10 dólares) en un cajón diferente al que se almacenaba el dinero del visado… consiguió el sello y… ale, a cruzar la frontera.

Entonces empezó la gimkana para llegar a Victoria’s falls. Decimos gimanka porque la policía nos paró 13 veces. Incluso dentro de la furgoneta hacíamos apuestas para ver cuántas veces más deberíamos parar en el camino. Después de una multa por no llevar la placa reglamentaria del remolque y alguna cara seria que se llevó el policía que paró a nuestro guía y conductor para intentar conseguir alguna “propina” extra de trabajo, por fin llegamos.  Realmente el camino fue precioso, pues pudimos ver una gran cantidad de poblados, con sus casas cilíndricas y sus techos de paja, los cerrados para los animales, etc.

Una vez ya en Victoria’s falls ya sólo deseábamos que llegase el día siguiente para poder ver esta inmensidad de la naturaleza. Estamos narrando esta experiencia y la recordamos como si la estuviéramos viviendo en directo. Llegar y encontrarte esta cantidad de agua, con su fuerza y su magia no se puede escribir con palabras. Los dos nos miramos emocionados sin ser conscientes de que estábamos en Las Cataratas Victoria, en Zimbabwe. No sabemos cuántas veces recorrimos esta maravilla  y nos paramos a hacer fotos, pero ahora las miramos y vemos que hicimos muchísimas, tantas que nos resulta difícil escoger una que resuma lo vivido. Realmente tenía razón Linvingston, es posible que no haya otro lugar más bonito en el planeta.

victoria's falls

oscar victoria's falls

Fue en Victoria cuando pudimos relacionarnos por primera vez con los nativos: pasear por sus calles, adentrarnos en sus  mercados… esos que no están hechos para turistas. Pudimos ver cuáles eran sus hábitos  alimenticios  y nos quedó bien claro que el arroz es uno de los principales ingredientes. Alucinamos en el mercado cuando vimos que sólo había un pasillo dedicado a las variedades del cereal más consumido en el mundo. También fue nuestro primer contacto con comida diferente  a nuestra alimentación: el cocodrilo, el “pumba” y el orix. El cocodrilo ya lo habíamos probado en otra ocasión, en nuestro viaje a Cuba pero el resto fue curioso.

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